Aquí es el momento cuando tengo que mirar el cielo nocturno de santiago. Es tan espantosamente bonito volver a ver tu cielo. Sé que es asqueroso y que la idea de surcarlo volando puede llenarte de repugnancia, que es un basurero flotante, pero no deja de llamarme cada día a mirarlo.
Mientras su cigarrillo se consumía entre sus delgados dedos, sin darle una pitada, él miraba la puerta esperando que no se abriera. No quería confirmar sus sospechas. Macarena tenía las llaves de su departamento. La puerta se abriría y ella lo dejaría.
Puso agua a hervir, una taza con café. Cuando las bisagras rechinaron, como en las películas de terror que veían los días de lluvia, prendió la radio y espero a que todo pasara.
Cuando se encontró solo, fue a su pieza, tomo los cigarrillos y salio. Camino por el pasillo, abrió la puerta de calle y se encontró con el pasillo de su departamento camino nuevamente a la salida y nuevamente el pasillo y nuevamente su puerta y nuevamente pasillo y puerta y pasillo y puerta...
miércoles, 9 de diciembre de 2009
lunes, 13 de julio de 2009
pitadas y cuadros
Existe algo dentro de mí, algo que no me dejaba tranquilo, algo que me hacía ser como era. Querer tirar todo lo que tenga a mano a la pared y ver como se destruyen en el que seria para mí un impacto sagrado.
En uno de esos momentos, que llegó a ser descontrolado y termine rompiendo un pequeño autito de un plástico blando. Mientras lo apretaba entre mis raquíticos dedos, vi un espacio en la pared que debía tener un cuadro de aproximadamente un metro por sesenta centímetros. Estaba delineado por un cambio notorio en el color de la pintura y su ausencia provocaba un desequilibrio en la pared vacía
Sonó la puerta y cuando fui a abrir estaba él parado, invitándome a dar una vuelta a la cuadra, fumar y conversar un rato.
Hace tiempo que no lo veía, algo como un mes o más. Caminando en la calle le daba besos que por el frío sacaban más humo de lo normal, intentaba no mirarlo a los ojos, para no verme reflejado en su rostro. Era algo que no quería ver, no quería verme a mi mismo reflejado en su demacrada cara.
-Oye Javier- dijo – ¿hace cuanto estas acá? –
-Como ¿tres días?... no más de cuatro- dije inseguro-
Me quito el cigarro y con una pitada larga me lo devolvió. Lo miré y imitándolo me di cuenta que no quemaba y dándome vuelta para evitar la brisa marina, que subía por las calles que al igual a los ríos desembocan en el mar de Valparaíso, prendí el cigarrillo que solo me dejaba de su ser una colilla vacía que boté en la arena y pisé con la punta de mi destrozada zapatilla.
Después del último beso, me tumbe en la arena y una alegría incontrolable me invadió completamente.
Mirábamos el mar e intentando descifrar los secretos de la profunda oscuridad que nos asolaba y distraído por la belleza de la imagen, le pregunte a Oscar la forma en que llegamos aquí y el respondió:
-cuando una mamá y un papá se quieren…-
Riéndonos de su broma dejo escapar entre dientes un –no sé, pero me gustaría saberlo-
Una hora estuvimos admirando la imagen novelesca de la playa, hasta pasadas las diez.
Al volver pasamos a comer unas empañadas donde el Maestro y comprar unas chelas.
Recorrimos casi todos los locales de la subida Ecuador. A las cinco y algo de la mañana volviendo a mi casa, tras otro cigarro y otros besos, veo ahora atónito el espacio de la pared a la que calaba un cuadro ocupado por una preciosa obra expresionista de un mar verde y rojo, con dos cuerpos, de extremidades alargadas y moribundos en la arena que contemplan el infinito, bajo un cielo gris metálico y la sombra de un muelle en el rincón inferior izquierdo.
La imagen de la pintura me asusta tanto como el encontrarme un cuadro colgado en una pared a la cual nadie tenía acceso, pero eso no es tan sorprendente como el autor del cuadro. Cuando mire la firma me percate de que con mi letra estaba escrito “Javier M.”.
¿Como mi propia firma podía estar en ese cuadro?, estaba loco, tal vez mi locura me impedía acordarme de haber pintado esa gran y aterradora obra o tal vez la estoy imaginando completamente.
Fuese lo que fuese solo salí de la casa y fume otro cigarro a pitadas largas y pausadas como fuma Oscar.
En uno de esos momentos, que llegó a ser descontrolado y termine rompiendo un pequeño autito de un plástico blando. Mientras lo apretaba entre mis raquíticos dedos, vi un espacio en la pared que debía tener un cuadro de aproximadamente un metro por sesenta centímetros. Estaba delineado por un cambio notorio en el color de la pintura y su ausencia provocaba un desequilibrio en la pared vacía
Sonó la puerta y cuando fui a abrir estaba él parado, invitándome a dar una vuelta a la cuadra, fumar y conversar un rato.
Hace tiempo que no lo veía, algo como un mes o más. Caminando en la calle le daba besos que por el frío sacaban más humo de lo normal, intentaba no mirarlo a los ojos, para no verme reflejado en su rostro. Era algo que no quería ver, no quería verme a mi mismo reflejado en su demacrada cara.
-Oye Javier- dijo – ¿hace cuanto estas acá? –
-Como ¿tres días?... no más de cuatro- dije inseguro-
Me quito el cigarro y con una pitada larga me lo devolvió. Lo miré y imitándolo me di cuenta que no quemaba y dándome vuelta para evitar la brisa marina, que subía por las calles que al igual a los ríos desembocan en el mar de Valparaíso, prendí el cigarrillo que solo me dejaba de su ser una colilla vacía que boté en la arena y pisé con la punta de mi destrozada zapatilla.
Después del último beso, me tumbe en la arena y una alegría incontrolable me invadió completamente.
Mirábamos el mar e intentando descifrar los secretos de la profunda oscuridad que nos asolaba y distraído por la belleza de la imagen, le pregunte a Oscar la forma en que llegamos aquí y el respondió:
-cuando una mamá y un papá se quieren…-
Riéndonos de su broma dejo escapar entre dientes un –no sé, pero me gustaría saberlo-
Una hora estuvimos admirando la imagen novelesca de la playa, hasta pasadas las diez.
Al volver pasamos a comer unas empañadas donde el Maestro y comprar unas chelas.
Recorrimos casi todos los locales de la subida Ecuador. A las cinco y algo de la mañana volviendo a mi casa, tras otro cigarro y otros besos, veo ahora atónito el espacio de la pared a la que calaba un cuadro ocupado por una preciosa obra expresionista de un mar verde y rojo, con dos cuerpos, de extremidades alargadas y moribundos en la arena que contemplan el infinito, bajo un cielo gris metálico y la sombra de un muelle en el rincón inferior izquierdo.
La imagen de la pintura me asusta tanto como el encontrarme un cuadro colgado en una pared a la cual nadie tenía acceso, pero eso no es tan sorprendente como el autor del cuadro. Cuando mire la firma me percate de que con mi letra estaba escrito “Javier M.”.
¿Como mi propia firma podía estar en ese cuadro?, estaba loco, tal vez mi locura me impedía acordarme de haber pintado esa gran y aterradora obra o tal vez la estoy imaginando completamente.
Fuese lo que fuese solo salí de la casa y fume otro cigarro a pitadas largas y pausadas como fuma Oscar.
miércoles, 6 de mayo de 2009
metro..
Ya vamos siete por metro cuadrado. Miro las luces y sombras que pasan raudas por las ventanas. “No apoyarse en la puerta”, “no sentarse en el piso”, “no fumar”, “panxo!”, “GB “.
La señora al lado mío va dando pequeños saltos. “Los Leones”, se abren las puertas sacan a un hombre del tren, lo retiene un guardia. Se cierran las puertas.
Tengo un poco más de espacio, estación Tobalaba, aquí se baja más gente
La señora al lado mío va dando pequeños saltos. “Los Leones”, se abren las puertas sacan a un hombre del tren, lo retiene un guardia. Se cierran las puertas.
Tengo un poco más de espacio, estación Tobalaba, aquí se baja más gente
sábado, 25 de abril de 2009
paso a paso
Están conversando, esperando que el tiempo pase. Es de noche y hace frio y ellos siguen trabajando. Pasa uno y dobla, ahora pasan muchos. El metal se congela en el frio marino y cuando menos ellos lo esperan, lo encuentran.
martes, 21 de abril de 2009
algo vacío de por algun lado
Dromedarios secos de ira loca, que ruegan por agua
Rompamos las lágrimas que mojan los cuerpos,
Intoxiquémonos de barriles brillantes con líquidos fluorescentes
Rueda escaleras abajo
El gordo hombre de profundos hombros
Que reconoce la lógica en pizarras blancas y plumones multicolores
Hinchemos los aires de no cambio
Que nos inundan con promesas vacías
Enriquecedores puños con pulseras de oro que golpean tu cara
y rondan por calles que solo se dan de bajada
pasmados en las estampillas de los correos extranjeros
y gritos en el horizonte
Rompamos las lágrimas que mojan los cuerpos,
Intoxiquémonos de barriles brillantes con líquidos fluorescentes
Rueda escaleras abajo
El gordo hombre de profundos hombros
Que reconoce la lógica en pizarras blancas y plumones multicolores
Hinchemos los aires de no cambio
Que nos inundan con promesas vacías
Enriquecedores puños con pulseras de oro que golpean tu cara
y rondan por calles que solo se dan de bajada
pasmados en las estampillas de los correos extranjeros
y gritos en el horizonte
jueves, 2 de abril de 2009
palparaíso de mi dolorido corazon
El mar seguía fumando, era medio día Y mirando las luces del mar te sientes miope. Los cerros que te ahogan con su cálido abrazo, poco verde y mucho gris. Comienzo a pintar el mar
Pinto las calles de un Valparaíso de gloria perdida, de paredes descascaradas y calles rotas. Olor a pescado podrido de la caleta y el centro. Que sigue encantando con una magia propia de las maravillas más maravillosas del mundo.
Lentamente, paso a paso, subo por las calles inclinadas de una ciudad que moja las lágrimas y quema lo seco. Una ciudad que esta lejos de donde nací y crecí, pero que ahora es mi ciudad chueca, húmeda y quemante.
Pinto las calles de un Valparaíso de gloria perdida, de paredes descascaradas y calles rotas. Olor a pescado podrido de la caleta y el centro. Que sigue encantando con una magia propia de las maravillas más maravillosas del mundo.
Lentamente, paso a paso, subo por las calles inclinadas de una ciudad que moja las lágrimas y quema lo seco. Una ciudad que esta lejos de donde nací y crecí, pero que ahora es mi ciudad chueca, húmeda y quemante.
lunes, 23 de marzo de 2009
algo más fuerte
Mire para atrás, por la ventana del bus. Quería verte parada agitando tu mano, pero no estabas. Mire mi morral, saque otro paracetamol, llame al vendedor, compre una Vital, puse la pastillita en mi boca y con un sorbo de agua la trague.
Sé que ya no importo en tu vida. También sé que en el fondo crees que todo lo que hagamos no sirve para nada, si no logras tener algo de poder en el mundo tu paso por este no tiene la mas mínima importancia. Estudias en el colegio, en la U, trabajas, te jubilas y mueres.
No quieres amar a nadie porque sería apegarse a algo en la vida y tú quieres pagar con la misma indiferencia que la vida te da.
Y cuando supe todo eso, que jamás me amaras ni te iras a despedir de mi, el dolor que me provocó no se va.
Sé que ya no importo en tu vida. También sé que en el fondo crees que todo lo que hagamos no sirve para nada, si no logras tener algo de poder en el mundo tu paso por este no tiene la mas mínima importancia. Estudias en el colegio, en la U, trabajas, te jubilas y mueres.
No quieres amar a nadie porque sería apegarse a algo en la vida y tú quieres pagar con la misma indiferencia que la vida te da.
Y cuando supe todo eso, que jamás me amaras ni te iras a despedir de mi, el dolor que me provocó no se va.
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