Dromedarios secos de ira loca, que ruegan por agua
Rompamos las lágrimas que mojan los cuerpos,
Intoxiquémonos de barriles brillantes con líquidos fluorescentes
Rueda escaleras abajo
El gordo hombre de profundos hombros
Que reconoce la lógica en pizarras blancas y plumones multicolores
Hinchemos los aires de no cambio
Que nos inundan con promesas vacías
Enriquecedores puños con pulseras de oro que golpean tu cara
y rondan por calles que solo se dan de bajada
pasmados en las estampillas de los correos extranjeros
y gritos en el horizonte
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