Dromedarios secos de ira loca, que ruegan por agua
Rompamos las lágrimas que mojan los cuerpos,
Intoxiquémonos de barriles brillantes con líquidos fluorescentes
Rueda escaleras abajo
El gordo hombre de profundos hombros
Que reconoce la lógica en pizarras blancas y plumones multicolores
Hinchemos los aires de no cambio
Que nos inundan con promesas vacías
Enriquecedores puños con pulseras de oro que golpean tu cara
y rondan por calles que solo se dan de bajada
pasmados en las estampillas de los correos extranjeros
y gritos en el horizonte
martes, 21 de abril de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
palparaíso de mi dolorido corazon
El mar seguía fumando, era medio día Y mirando las luces del mar te sientes miope. Los cerros que te ahogan con su cálido abrazo, poco verde y mucho gris. Comienzo a pintar el mar
Pinto las calles de un Valparaíso de gloria perdida, de paredes descascaradas y calles rotas. Olor a pescado podrido de la caleta y el centro. Que sigue encantando con una magia propia de las maravillas más maravillosas del mundo.
Lentamente, paso a paso, subo por las calles inclinadas de una ciudad que moja las lágrimas y quema lo seco. Una ciudad que esta lejos de donde nací y crecí, pero que ahora es mi ciudad chueca, húmeda y quemante.
Pinto las calles de un Valparaíso de gloria perdida, de paredes descascaradas y calles rotas. Olor a pescado podrido de la caleta y el centro. Que sigue encantando con una magia propia de las maravillas más maravillosas del mundo.
Lentamente, paso a paso, subo por las calles inclinadas de una ciudad que moja las lágrimas y quema lo seco. Una ciudad que esta lejos de donde nací y crecí, pero que ahora es mi ciudad chueca, húmeda y quemante.
lunes, 23 de marzo de 2009
algo más fuerte
Mire para atrás, por la ventana del bus. Quería verte parada agitando tu mano, pero no estabas. Mire mi morral, saque otro paracetamol, llame al vendedor, compre una Vital, puse la pastillita en mi boca y con un sorbo de agua la trague.
Sé que ya no importo en tu vida. También sé que en el fondo crees que todo lo que hagamos no sirve para nada, si no logras tener algo de poder en el mundo tu paso por este no tiene la mas mínima importancia. Estudias en el colegio, en la U, trabajas, te jubilas y mueres.
No quieres amar a nadie porque sería apegarse a algo en la vida y tú quieres pagar con la misma indiferencia que la vida te da.
Y cuando supe todo eso, que jamás me amaras ni te iras a despedir de mi, el dolor que me provocó no se va.
Sé que ya no importo en tu vida. También sé que en el fondo crees que todo lo que hagamos no sirve para nada, si no logras tener algo de poder en el mundo tu paso por este no tiene la mas mínima importancia. Estudias en el colegio, en la U, trabajas, te jubilas y mueres.
No quieres amar a nadie porque sería apegarse a algo en la vida y tú quieres pagar con la misma indiferencia que la vida te da.
Y cuando supe todo eso, que jamás me amaras ni te iras a despedir de mi, el dolor que me provocó no se va.
sábado, 6 de diciembre de 2008
mientras jugaba
Mientras jugaba
La camisa de fuerza que compró en el persa resistió mientras luchaba con ellas.
Ya sabía abrir cerraduras, esposas, incluso una caja con un candado desde el interior, pero no escapar de una camisa de fuerzas.
Su pelo era corto, no pelado, y completamente blanco, no era tan viejo pero desde que tenía veinte le aparecieron canas; su piel tenía arrugas y estaba encrudecida por el sol y la tierra, en su frente un par de líneas y otras líneas más que aparecían a los lados de sus fosas nasales y morían en la comisura de sus labios, sus manos tenían una piel áspera, venas y huesos a la vista, con cayos y un poco de artritis, a causa las practicas de tiro.
Cuando jubiló no quería seguir trabajando pero tampoco estar de vago. Decía que era el por vicio.
Cuando descubrió el cliché sobre la metáfora del escapismo y la vida le intereso en un sentido irónico, que lo llevo a convertirlo en un hobby.
En esta historia no paso nada realmente, nadie cayo de un quinto piso al no poder ponerse un pulóver, ni nadie despertó y se dio cuenta que era un indio, ni mucho menos alguien descubrió el punto que refleja todos los puntos del universo, tampoco nadie fundo una ciudad, ni alguien se transformo en un bicho feo, nadie hizo absolutamente nada, excepto un pobre militar jubilado que jugaba con una camisa de fuerza mientras pensaba en sus cosas.
La camisa de fuerza que compró en el persa resistió mientras luchaba con ellas.
Ya sabía abrir cerraduras, esposas, incluso una caja con un candado desde el interior, pero no escapar de una camisa de fuerzas.
Su pelo era corto, no pelado, y completamente blanco, no era tan viejo pero desde que tenía veinte le aparecieron canas; su piel tenía arrugas y estaba encrudecida por el sol y la tierra, en su frente un par de líneas y otras líneas más que aparecían a los lados de sus fosas nasales y morían en la comisura de sus labios, sus manos tenían una piel áspera, venas y huesos a la vista, con cayos y un poco de artritis, a causa las practicas de tiro.
Cuando jubiló no quería seguir trabajando pero tampoco estar de vago. Decía que era el por vicio.
Cuando descubrió el cliché sobre la metáfora del escapismo y la vida le intereso en un sentido irónico, que lo llevo a convertirlo en un hobby.
En esta historia no paso nada realmente, nadie cayo de un quinto piso al no poder ponerse un pulóver, ni nadie despertó y se dio cuenta que era un indio, ni mucho menos alguien descubrió el punto que refleja todos los puntos del universo, tampoco nadie fundo una ciudad, ni alguien se transformo en un bicho feo, nadie hizo absolutamente nada, excepto un pobre militar jubilado que jugaba con una camisa de fuerza mientras pensaba en sus cosas.
martes, 11 de noviembre de 2008
nunca lo hago y no empezare ahora
La trompeta sonaba. Prendí un cigarro que me dio la Pancha, era un poco mentolado. Si la Andrea se entera que la vi otra vez me mataría. No estaría mal que me matara. El yeso me picaba un poco y tenia ganas de caminar, pero no podía pisar. Me daba miedo cerrar los ojos, cada ves que lo hacía sentía una sombra moverse en mi espalda.
Me saque los audífonos y una campana comenzó a sonar, me puse nuevamente los audífonos y una canción mas rápida con una voz femenina sonó ahora. Me di cuenta que no podía sonar ninguna campana cerca de mi casa. Me saque los audífonos y la campana nuevamente. Cerré los ojos para saber mejor de donde venia el sonido y sentí la sombra moverse en mi espalda.
Abrí los ojos y las paredes de mi pieza eran mas frías, no encontré los audífonos y la silla se hiso de madera entre muchas más que también aparecieron. Un hombre de blanco bajo una cruz me miro un rato y se fue.
No podía caminar.
Me saque los audífonos y una campana comenzó a sonar, me puse nuevamente los audífonos y una canción mas rápida con una voz femenina sonó ahora. Me di cuenta que no podía sonar ninguna campana cerca de mi casa. Me saque los audífonos y la campana nuevamente. Cerré los ojos para saber mejor de donde venia el sonido y sentí la sombra moverse en mi espalda.
Abrí los ojos y las paredes de mi pieza eran mas frías, no encontré los audífonos y la silla se hiso de madera entre muchas más que también aparecieron. Un hombre de blanco bajo una cruz me miro un rato y se fue.
No podía caminar.
jueves, 28 de agosto de 2008
risa
Cuando preguntó, no le respondí, la escuché, pero no le entendí. Ella se enojó, pensó pegarme, quitarme el libro y apagar la luz. Yo pensé en ¿como las esperanzas caían una y otra ves en la misma trampa? y ¿como el cronopio de chaqueta negra escribía libros que nadie leía?
Me tocó educadamente el hombro. Esta vez más calmada, me dijo lo que durante tanto tiempo no tuvo el valor de decirme –me aburriste: Odio tus libros, tus películas, tu música, tu forma de pensar- había pensado en decirme que me odiaba a mí, directamente, pero no tuvo el valor. Yo le dije que la amaba cada vez más, vacilo unos segundos. En su cabeza se produjo un arrepentimiento y en la mía una risa estruendosa que se asomo en mi cara como una mueca de sonrisa la que paso desapercibida como un gesto de afecto y amor hacia ella.
Se fue y yo también, ella a la casa de s madre y yo al bar.
Me tocó educadamente el hombro. Esta vez más calmada, me dijo lo que durante tanto tiempo no tuvo el valor de decirme –me aburriste: Odio tus libros, tus películas, tu música, tu forma de pensar- había pensado en decirme que me odiaba a mí, directamente, pero no tuvo el valor. Yo le dije que la amaba cada vez más, vacilo unos segundos. En su cabeza se produjo un arrepentimiento y en la mía una risa estruendosa que se asomo en mi cara como una mueca de sonrisa la que paso desapercibida como un gesto de afecto y amor hacia ella.
Se fue y yo también, ella a la casa de s madre y yo al bar.
jueves, 24 de julio de 2008
existencia humana
En el fondo soy masoquista me encanta sufrir. Pero no sufro por sufrir, ni por una descarga de adrenalina, ni por la sensación de estar vivo, ni por ninguna huea que se pueda explicar. Por eso no explicare la razón.
Hace unos años atrás vi en la calle opuesta a la calle en la cual caminaba ebrio una mujer y pensé que era perfecta. Me acerque a conversar con ella, nunca supe como comencé la conversación, puede ser que mi mente la bloqueara o que por alcohol no recuerde nada (mientras escribo esto escucho Fito Paez y lo que escribo va con ritmo de la canción y las palabras como las siento que suenan van rimando con las trompetas y guitarras y en algunos momentos con la letra)
Lo primero que recuerdo es que ella me pasó un encendedor y lo ultimo que estaba besándola en el baño de un bar. Recorriendo con mis heladas manos su baja y delgada silueta. Tocaba su muslo delgado, con la otra mano la despeinaba desde su cuello mientras ella me arrugaba la polera por debajo de la chaqueta con ambas manos.
Mientras de fondo sonaba una canción en ingles, que todavía intento saber su nombre.
Después del mejor beso de mi vida no la vi más. Creo que ella no quiso verme más, creo que en mi mente también quedo implantado ese algo que me hacia no reconocerla en la calle, ni saludarla al verla.
En una ocasión la vi en la calle y no la reconocí hasta estar a dos metros de ella, no solo no la salude, fue como que me diera pánico verla y cruce la calle y ella doblo muy bruscamente la esquina en sentido opuesto.
Y yo solo quiero verla nuevamente por otro beso igual, un solo beso pido, un beso.
Hace unos años atrás vi en la calle opuesta a la calle en la cual caminaba ebrio una mujer y pensé que era perfecta. Me acerque a conversar con ella, nunca supe como comencé la conversación, puede ser que mi mente la bloqueara o que por alcohol no recuerde nada (mientras escribo esto escucho Fito Paez y lo que escribo va con ritmo de la canción y las palabras como las siento que suenan van rimando con las trompetas y guitarras y en algunos momentos con la letra)
Lo primero que recuerdo es que ella me pasó un encendedor y lo ultimo que estaba besándola en el baño de un bar. Recorriendo con mis heladas manos su baja y delgada silueta. Tocaba su muslo delgado, con la otra mano la despeinaba desde su cuello mientras ella me arrugaba la polera por debajo de la chaqueta con ambas manos.
Mientras de fondo sonaba una canción en ingles, que todavía intento saber su nombre.
Después del mejor beso de mi vida no la vi más. Creo que ella no quiso verme más, creo que en mi mente también quedo implantado ese algo que me hacia no reconocerla en la calle, ni saludarla al verla.
En una ocasión la vi en la calle y no la reconocí hasta estar a dos metros de ella, no solo no la salude, fue como que me diera pánico verla y cruce la calle y ella doblo muy bruscamente la esquina en sentido opuesto.
Y yo solo quiero verla nuevamente por otro beso igual, un solo beso pido, un beso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)