Mi madre murió hace siete años. Mientras seguía el ataúd con la vista y examinaba a aquellos que nunca había visto y no tenia idea que hacían en ese lugar, ya que no venían a dar condolencias ni a despedirse, solo conversaban en algún rincón, mientras se reían. Los odiaba con toda mi alma, no entendía como podían estar felices en un momento como ese, mientras yo no sabia que hacer y la única persona que alguna vez quise se marchaba en una cama de madera, para no volver.
Tras el funeral quede bajo la tutela de un tío quien, nunca sonrió ni lloro, no se si frente mió o en toda su vida. Recuerdo una noche en la que, un mal sueño me despertó exaltado, corrí a la habitación de él, toque la puerta, mientas escuchaba los gritos de una puta, que supe que era la hija de la nana, quien se paraba en uno de los robles de una de las callea paralelas a la que estaba esta calle y fumaba uno de los cigarros importados que le regalaba mi tío, usando una falda que mostraba la parte inferior de su culo y un abrigo que dejaba ver sus grandes tetas, las que masajeaba al brazo de todo hombre que parecía tener algo de dinero. Cuando por fin abrió se agacho y me abofeteo tan fuerte que solté una lágrima de dolor la que fue a dar a la pared y dijo-anda a acostarte-.
Corrí a mi pieza alejándome de un peligro mayor que el que vi en mi sueño, baje la escalera tan rápido como pude, para llegar a mi habitación y refugiarme entre las sabanas, pero pise un escalón inexistente y no recuerdo más.
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