Estaba bajo la sombra del árbol, con sus piernas dobladas, apoyado en el tronco, escribiendo en su viejo cuaderno, aquel que años atrás definió como suyo forrándolo con un papel azul marino, la luna a su espalda. Formaba la imagen más poética que vi en mi vida.
Cuando Daniel se levanto después de escribir su oda a la mierda, me senté en la misma posición en que estaba el y vi mi sombra, vi los arboles en frente mío, la cama de acículas de pino y unos estróbilos tirados. La imagen que se creo me daba la sensación de una libertad absoluta. De ser uno con el mundo, de que mi cuerpo no tenía fin, que donde se veía el final no era más que la transformación en aire. Cerré los ojos y comencé a sentir la espalda contra el pino hasta que no la sentí más. Me volví pino, me volví suelo, me volví aire …
Me encontraron tirado en la mañana, vi el cuerpo y no me importo, ya no lo necesitaba, era un átomo delo que ahora era…
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