miércoles, 27 de octubre de 2010

sin pulmón

Estaba desafinado él, no la guitarra. Esta sonaba tan bien que hacía armonía con las olas y el chispear del fuego, era todo tan rítmico, la luz, el viento, las olas, incluso la arena que rara vez logra esa armonía musical. Por otro lado, él se encontraba en una dimensión totalmente distinta. Cantaba un sol y sonaba un si. No estaba conectado con lo más profundo del mundo. Él era el único en esa playa que no encajaba en ese nirvana colectivo que se había logrado.

Tras horas y horas de ese majestuoso desencaje natural que logro inconsciente y forzadamente, pues era obvio para cualquiera que le viera que era forzado su desencaje. Él se percato y dejo de tocar y comenzó a escribir su propio desencanto con el mundo y la miseria de su entorno.

Cuando se dio cuenta de su desarmonía, fue directo al corazón como una inyección de adrenalina, que lo hizo temblar e inspirar tan fuerte que sus pulmones no dieron abasto a tanto aire y naturalmente terminaron explotando en un silencioso pero agudo ruido, como un globo que explota a lo lejos.
Ahora se le ve deambular, sin corazón ni pulmones, silencioso, pues no puede hablar sin pulmones que le den aire.

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